19 DE JUNIO DE 2013: DIA EN QUE LA FELICIDAD TUVO NOMBRE Y APELLIDO

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Seguramente la noche del 18 de junio de 2013 nadie durmió en Rosario, esta vigilia sin dudas se extendió a la gran ciudad, a las provincias y al mundo entero.

Un sentimiento extraño habrá retorcido los corazones de miles de hinchas que a la espera de un partido inverosímil, de tan solo media hora, dirimía quien sería el dueño de la copa ese año. Mientras tanto despedía a mi hijo quien continuaba sumando kilómetros a su vida siguiendo lo que para él representaba ir en busca de algo más.

Sosteniendo el simbolismo que expresaba seguir al equipo donde sea. Y así lo vi partir con algo de nostalgia, porque ante un resultado favorable me faltaría su abrazo, sus lágrimas y ese evocar a quien nos dejara la mejor herencia de ser hinchas fanáticos de este equipo, mi viejo. El día se hizo terriblemente largo, pero había que cumplir con las obligaciones del trabajo sin siquiera haber pegado un ojo, ver amanecer fue para mí el alivio de que por lo menos la noche había transcurrido.

La mañana transitó en lo cotidiano, el mate apaciguó la angustia, pero las redes explotaban, la televisión transmitía noticias que ni siquiera registré pero que de tanto en tanto nos hablaba de este desenlace. Con el correr de las horas, el centro, lugar donde desarrollo mis actividades, de a poco se iba despojando de la gente en las calles. Mi marido enfrascado en sus quehaceres gastó el tiempo en su actividad sin ponerle atención ni importancia, debía estar ocupado, decía, de esta manera las dos de la tarde nos sorprendería. Con exacta puntualidad arrancó el encuentro entre dos equipos, que ya ni recuerdo. Fue la media hora más larga de mi vida.

Mientras tanto los mensajes de mi hijo se amontonaban en el celular, y caían de a una las fotos de una hinchada que copó por completo el centro de Resistencia, Chaco. Ya lo daban por hecho. Por mi parte, la ansiedad me hacía recorrer el camino de ida y vuelta hasta la puerta de calle para verificar que nada ocurría sobre el pavimento, algún que otro colectivo hacía que la geografía se asemejara a un domingo cualquiera. Fue entonces, cuando luego de esos treinta minutos fatídicos, el silbato del árbitro se dejó oír, dando por finalizado el partido, y ahí sentí que la realidad me daba la bienvenida.

El abrazo ahogado con mi compañero de ruta puso punto final a una agonía que no tenía más desenlace que el que habíamos soñado. Fue largo y revitalizante, sus lágrimas se confundieron con las mías, estuvimos así creo que algunos minutos, cuando comenzaron a sonar los teléfonos y la calle se llenó de bocinas, y el aire de algo muy especial, parecido a la felicidad. Rosario se pintó de rojo y negro, las columnas llegaban al Monumento de la Bandera desde los barrios, desde el mismo centro y de todas las zonas de esta ciudad que estaban contenidas a la espera de un resultado, fue la más clara representación de amor y fidelidad.

Vestimos este lugar histórico con una multitud arrasadora que venía a expresar no solo un legado, sino una pasión superadora de años de lucha, y la reivindicación identitaria de una Institución a la que amamos más allá de la vida. Caminé por San Lorenzo hacia el bajo, eran ya casi las tres de la tarde del día 19 de junio de 2013, miré al cielo que me amenazaba con quitarme el sol, pero ya nada me importaba porque en mi propio cielo y para siempre yo ya tenía otra estrella.

MARIA ESTHER MIERNAU