Si mi viejo viviera hoy…

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Rosario había amanecido distinta. El aire se respiraba con cierto gusto a incertidumbre, veo la imagen de mi padre en un ir y venir de actitudes indefinibles e indescifrables, mientras tanto yo despertaba de mi noche de sábado en vela, donde el corazón se me había instalado en la garganta, el nudo depositado en el estómago y la camiseta de Newell´s puesta y algo arrugada.

Yo tenía 18 años entonces, la rebeldía propia de un país complicado políticamente y los sueños de poder acariciar la gloria en pocas horas junto a mi viejo que aún deambulaba por la casa viendo pasar el tiempo eterno de ese domingo tan particular.

Luego se sumaron otros sentimientos …los fideos, el saludo de mi madre con el rosario en la mano, la renoleta, arroyito, la cancha ajena, la respiración intrecortada, la zurda y el resultado final. Sumados a ese estallido de furia contenida, el viaducto se trasformó en ese puente hacia la felicidad, en ese trayecto emocional que conducía a los leprosos hacia el Parque, y justamente ahí el tiempo se detuvo, cuando vi llorar al viejo que abrazado a mi nos fundíamos en un abrazo de pasión desmesurada.

El tiempo pasó y vinieron otras glorias y en consecuencia más estrellas. La vida nos puso por distintos rumbos, él continuó reviviendo ese día una y otra vez como único e irrepetible, yo entre los hijos y el trabajo recordando ese juego del mejor estilo basado en talento e inspiración, que fue el sello de nuestra pasión popular por excelencia.

Con el tiempo vinieron otros domingos, pero justamente ese 2 de junio del 74 le dio legitimidad a una trayectoria, porque sus emergentes marcaron una huella imborrable en la historia, fueron intérpretes admirables de un duelo con el peor de los enemigos, y plasmaron con su accionar una fecha en el calendario que seguramente se seguirá festejando hasta fin de los tiempos.

Si mi viejo viviera…seguramente contaría la historia por milésima vez, y mi madre resignada lo escucharía atenta como ese domingo inolvidable. Si mi viejo viviera… hoy abrazaría a cada uno de ustedes con las mismas lágrimas con las que me abrazó hace tan solo 41 años. Pero desde otros cielos seguramente se sentirá orgulloso porque nos dejó la mejor herencia, ser hincha de Newells.

María Esther Miernau.