¡A TU SALUD, ISAAC!!!

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Nació un 24 de abril en la segunda mitad del siglo de las luces, de la belle epoque, de las grandes empresas, de la creación de los Estados, que, con su avaricia y paz armada, hicieron estallar la gran guerra.

Nació en un momento de la Europa convulsionada, en la que tal vez tu abuelo y el mío decidieron como él, echar raíces en estas pampas, que cuando nos preguntan nuestra descendencia, solo nos resta decir que descendemos del barco. De ese mismo barco que un día lo trajo a Isaac. Y con tan solo 16 años jugó sin saberlo el partido de su vida. Repito y repito esta adolescente edad y me resisto a dar veracidad a tal aventura. 16 años y en soledad, atravesó un charco demasiado inmenso en los que solo vio mar durante días y días, con un equipaje simple, un sueño grande y ganas de ponerle laburo a esta tierra.

Me pregunto a veces si alguna vez habrá dimensionado tal impulso. Como habrá sido esa primera pelota, ese primer reglamento y ese primer amor que encontró lejos de la patria. Me pregunto si nos pudiera observar en cada encuentro, y tratar de entender cómo es que esa masa humana que se multiplicó a través de los años, de generación en generación, estaba siquiera en algún rincón de su pensamiento. Llegó en un tiempo difícil para nuestro país, repleto de idealismos europeos, votos cantados, presidentes corruptos, y un pueblo que ganó la calle porque ya no soportaba más el maltrato agroexportador y la oligarquía terrateniente. Sin embargo, él vino a trabajar. Y lo hizo con dignidad, buscando aquí y allá, en distintas provincias un legado que no tendrá tiempo y que depositó en cada hincha leproso, en cada corazón rojinegro un amor sin medidas. Y después todo es historia conocida.

Su mujer, su hijo Claudio, Newells. Fue un inglés, si, a pesar de muchos, pero un inglés con códigos, con prestigio cultural y con voluntad formadora, de quien en lo personal no reniego, sino que me enorgullezco. Porque después de todo hay próceres locales que en cierta medida me llenan de vergüenza. A tu salud, Isaac. ¡No tenes ni idea de lo que generaste!!!

María Esther Miernau