Jugar a ser hincha, una elección de vida

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Fue el futbolista del momento, el que rompió el molde por su desparpajo y naturalidad.

Sorprendía con sus amagos en la cancha y cautivaba también a propios y extraños con su simpatía. Posteos recurrentes en las redes sociales, anécdotas graciosas en los programas deportivos y su aparición en un concurso de baile lo proyectaron como un personaje tan seductor como mediático. Puro show. Su latiguillo, tan personal, se repetía en todos lados y a toda hora. Ese “Tamo Activo” que se volvió canción, popularizó su nombre al máximo.
Brian Sarmiento jugó en varios clubes (se formó en Estudiantes de la Plata y actuó en equipos españoles previo a su paso por Racing, All Boys, Quilmes y Banfield) pero siempre confesó su simpatía por Newell’s. Y el sueño de jugar en el club de sus amores finalmente se cumplió. En julio de 2017, con el pase en su poder, llegó a préstamo por un año con un cargo de 150 mil dólares, con la cláusula de extenderlo por otra temporada y una opción de compra del 50% de la ficha por 750 mil dólares.
Su arribo al Parque Independencia despertó un singular entusiasmo. Sarmiento venía nada menos que a ocupar el lugar que había dejado vacante un ídolo del club y máximo referente del plantel, Maximiliano Rodríguez, quien se había ido a Peñarol de Montevideo.
Sin embargo, aquel juego que seducía y levantaba aplausos solo apareció en cuentagotas. Nunca pudo mostrar toda su calidad y su rendimiento hasta puso en aprietos su permanencia como titular (18 partidos, tres goles y tres asistencias) en el equipo.
Fuera de la cancha, nada cambiaba: su presencia en los boliches y en la televisión era habitual, su bailecito y las burlas al clásico rival se viralizaban en las redes. Hasta se dio el gusto de ingresar al Gigante de Arroyito, en la previa al duelo con Rosario Central, con lentes de sol y auriculares para generar el repudio y una silbatina histórica de los simpatizantes locales.
Una maniobra desafortunada, aquel 31 de marzo en el estadio Marcelo Bielsa, lo modificó todo. A poco de comenzar el partido ante Tigre y mientras retenía la pelota cerca del córner enganchó el botín en el césped. Un movimiento antinatural de torsión con la rodilla le provocó una luxofractura cerrada en el tobillo izquierdo.
Tuvo que operarse y la recuperación le demandó casi seis meses. Su vínculo contractual finalizaba en junio, pero por la lesión se le renovó automáticamente. Recibió el alta médica y recién a mediados de septiembre volvió a entrenarse con el plantel. Nada volvió a ser lo mismo.
Se enfocó de lleno en los trabajos kinésicos y en la actividad física no tuvo problemas. En los ensayos de fútbol, su respuesta era distinta y le costaba ir a trabar una pelota con un compañero. En octubre, según consigna una reseña en el sitio web Tycsports.com, un grupo identificado con la barra brava concurrió a una de las prácticas del plantel y exigió una victoria ante Rosario Central en los cuartos de final de la Copa Argentina. Testigos del hecho dieron cuenta que en medio de la discusión, Brian Sarmiento recibió un cachetazo.
La expectativa para verlo otra vez en la cancha se mantenía viva. No pudo ser: sufrió un desgarro en el recto anterior de la pierna derecha. Los entrenadores (Omar de Felippe y Héctor Bidoglio) ya no volvieron a convocarlo para los partidos de la Superliga.
Un video en el que le regalaba sus botines a un chico carente de recursos, el día previo a esa infortunada lesión fue su última exposición mediática. Solo un posteo en el que invitaba a ver un reality sobre un club del ascenso uruguayo preparado por un amigo, y nada más. Se alejó de las redes, dejó de ser el centro de atención. Desde entonces, silencio total.
Regresó a los entrenamientos, enfocado en el desafío de recuperar el terreno perdido y mejorar su bajo promedio para alejarse de los cuatro puestos que decidirán el descenso a la B Nacional. Con Maximiliano Rodríguez como figura estelar, otros 32 futbolistas participaron del primer trabajo. Brian Sarmiento no se hizo presente.
La fama seduce y enceguece, pero es efímera. La popularidad y la idolatría, si no se las acompaña con esfuerzo y sacrificio, se esfuman rápidamente. Sarmiento lo vivió en carne propia. En las próximas horas rescindirá su contrato, poniéndole fin a ese sueño que en los últimos meses se le volvió una pesadilla.
Fuente-clarindeportes

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