Ovación revivió el título el Metropolitano de 1974 con varios de los protagonistas de aquella gesta en Arroyito, de la que se cumple este 2 de junio medio siglo

El héroe Mario Nicasio Zanabria, llevado en andas el 2 de junio de 1974. “La zurda del milagro”, título El Gráfico y la más popular “Bendita sea tu zurda” la revista Goles.
Medio siglo. 50 años. Una eternidad para un momento eterno. Imborrable para todo hincha leproso que se precie de tal. 2 de junio de 1974. Campeón del Metropolitano ante el clásico rival, en Arroyito. La hora más gloriosa de Newell’s, que los viejos muchachos, muchos de ellos entonces pibes, cuentan en primera persona para darle forma a este inolvidable recuerdo. El mejor homenaje para una gesta deportiva que sigue viva en el alma rojinegra y en cada uno de sus protagonistas.
2 de junio de 2024. Santiago Santamaría ya no podrá contar cómo le costó esa tarde única la pegajosa marca de Juan Ramón Burgos. Tampoco el Mono Obberti, el gran factotum del título que cuatro días antes le daba a Newell’s el triunfo clave sobre Boca. Ni Armando Capurro, pieza fundamental si las hay del 2 a 2 ante Central, cuando de la nada metió en partido al equipo de Canción Montes cuando todo parecía perdido, con un un nucazo tras el centro de Cucurucho y delante de Aimar. El mismo Cai que un minuto y medio antes parecía sepultar toda esperanza con el segundo grito canalla, con menos de medio tiempo por jugar.
Así, serán José Orlando Berta, el que vio el gol al lado de Marito; Carlitos Picerni, el del centro largo a Magán; el propio Manuel Rosendo que eligió en el último instante bajarle la pelota afuera del área en vez de meterla adentro; Tito Rebottaro, el que inició la jugada; Arsenio Ribeca, el que se dijo “buenas noches” con el 0-2; Juan Ramón Rocha, el que le dejó el lugar a Magán; Sergio Apolo Robles, al que un esguince lo dejó afuera; y Armando Garrido, que lo vio desde la platea, los que relatarán las vivencias de un día histórico. De hace apenas 50 años.
JUAN RAMON ROCHA
“Canción hizo bien en sacarme para poner a un grandote como Magán”
—¿Cómo fue que llegaste de Corrientes para ser campeón?
—Vine en enero del 71 y debuté en agosto del 72. Griffa se hizo cargo interinamente, con la condición de que iba a sacar a jugadores grandes con contratos más altos para que juguemos los de inferiores. Le hice un gol a Central en el arco del hipódromo y ganamos 1 a 0. La consigna era jugar bien. En días de lluvia, con las medias blancas, nos cargaban porque nos decían que no se nos manchaban nunca.
—En el 74 no empezaste de titular.
—Estaba de vacaciones en Santo Tomé, Corrientes. Llegó a Rosario y Marito Zanabria y Canción Montes me dicen que había pasado algo muy grave y que tenía que volverme. Regreso y me entero que mi tercer hermano más grande, que era maestro, se fue a nadar al río Uruguay y el corazón le falló. Por eso no hice la pretemporada en Brasil. Y cuando vuelvo me citaron de la selección a un Sudamericano juvenil en Chile. No había jugado mucho y llega el famoso partido con San Lorenzo. La tapa e El Gráfico tituló: “Rocha, un gol de agonía para clasificar a Newell’s”.
—El del 2-1 en la última fecha, que los clasificó a la onda final.
—Estaba en el banco. Mi hermano era fanático mío y fue como si le hubiese dicho desde el cielo a Canción: “Ponelo que gana el partido”. Entro con esa camiseta de manga larga de piqué celeste que usamos por única vez. Y a los 88’ llegó el centro de la derecha y entré por el vértice del área grande. Le pego de zurda con un efecto tan grande que Irusta, que era gigante, se tiró y no llegó. La pelota hizo una comba, pegó en el palo y entró.
—Robles se lesionó contra Huracán y jugaste con Boca y Central.
—Sí. Contra Central, Canción me sacó bien porque había que jugar directo al área y puso a Magán, que era grandote, cabeceador. Y se la bajó a Mario para ese gol inolvidable.
MANUEL ROSENDO MAGAN
“Cuando voy a cabecear miré el arco pero lo vi a Mario solo y se la di”
—¿Cuáles eran las características de aquel conjunto?
—Newell’s tenía un gran equipo, con experiencia y juventud. Individualmente había grandes jugadores, con mucho carácter. Estaban Zanabria, Santamaría, Pavoni, Berta y Picerni. Obberti volvió al club. No salimos campeón de casualidad. Teníamos un gran plantel a nivel futbolístico y humano. Nos llevábamos muy bien. Justo había largado Juan Carlos Montes de jugador y agarró de director técnico. También lo tenía cerca a Jorge Bernardo Griffa.
—¿Qué representó el partido para la ciudad?
—Rosario, y ni hablar Newell’s, fue una generadora de jugadores diferentes a lo largo de la historia. Nunca vi un lugar con la pasión futbolística de Rosario. Lo vivís diferente. En Newell’s, cuando jugábamos los clásicos, tenías un compromiso con la gente impresionante. Imaginate cuando fuimos a jugar ese partido con Central en su cancha. La presión que había. Y la calidad de jugadores que había en los dos equipos.
—¿Cómo fue posible hacerle dos goles al Central de Griguol, con lo difícil que era cuando se ponía en ventaja y más con dos goles?
—Central tenía grandes defensores, de selección. Y Newell’s también tenía jugadores de selección. Fue un partido histórico. En el vestuario renovamos fuerzas para el segundo tiempo. Lo empatamos con juego. Y carácter, porque de lo contrario no hubiera sido posible. Sin personalidad hubiese sido imposible, por la presión y la ansiedad con la que se vive el fútbol en Rosario. Mejoramos en el segundo tiempo y el gol de Capurro fue una inyección. Teníamos la posibilidad del empate. Y Mario (Zanabria) la clavó en el ángulo.
—Alguna vez comentaste que a Zanabria lo viste y se la bajaste de cabeza.
—Sí. Viene el centro de Picerni, muy largo, cruzado. Estaba dentro del área grande. Tenía uno o dos al lado. Cuando voy a saltar a cabecear, miro el arco, pero veo que Mario está solo en la medialuna. Amagué a cabecear al arco y se la bajé atrás a Mario. Le pegó un sablazo, un bombazo. Fue un gol espectacular. En lo personal fue un momento de gran felicidad, extendiendo la felicidad que había tenido en Independiente.
ANDRÉS ORLANDO REBOTTARO
“El gol de Capurro los golpeó y nos dio fuerza”
—¿Cómo se dio el título?
—Fue un equipo que se armó con mayoría del club y el técnico que había sido nuestro compañero. Newell’s siempre se caracterizó por el buen juego y en varios partidos ni hubo charla técnica. Había que salir, hacer lo que uno sabía y ganar. A medida que avanzó el torneo agarramos confianza.
—¿Cómo se afrontó el partido?
—Sabíamos que teníamos una posibilidad más. Que si perdíamos volvíamos a jugar contra Central. Hicimos una concentración larga en San Genaro. Ganamos un partido, luego el otro y seguíamos ahí. Y ese día que salimos hacia Rosario nos trajimos todo, porque la idea era no volver. Era una señal. No fue fácil. Pero el gol de Capurro los golpeó y nos dio la fuerza para empatarlo.
—¿Recordás la jugada completa del gol de Zanabria?
—Sale Capurro y me la tira afuera. Lo veo a Picerni libre sobre el lateral derecho. Se la doy, avanzó unos metros y metió el centro, porque sabíamos que Magán tenía juego aéreo. La bajó y Mario la clavó. Fue imposible para Biasutto.
—¿El título adquirió mayor dimensión con el paso de los años?
—El hincha hizo que fuese más importante, porque fue en cancha de Central. Hoy hay jóvenes que me reconocen cuando sale el tema del 74. Eso a uno lo hace sentir bien.
ARSENIO RIBECA
“Es una chapa que llevo en el corazón y no te la saca nadie”
—¿Qué cualidades tuvieron para llegar al título?
—Se armó un grupo extraordinario, que es lo que necesitás. El líder era Marito Zanabria. Aparte de lo que fue como jugador, un ser humano extraordinario. Y al mando estaba otro genio, de una humildad tremenda, que era Juan Carlos Montes. Nosotros fuimos peones y cumplíamos sus órdenes, felices porque ellos mismos nos mantenían contentos. No éramos como el Newell’s del 71, que yo veía después de jugar en reserva y bañarme rápido para no perdérmelo. Pero tuvimos muy buenos partidos, jugábamos muy lindo y había un gran grupo humano.
—¿Cómo fue la previa?
—Concentramos en San Genaro y durante el viaje veníamos cantando. Así se vivió. En esa época, técnica e individualmente capaz que éramos más equipo. Pero Central no te dejaba jugar. Era un gran equipo, con otro estilo. Tenían a Jorge González, un lateral de una categoría que solo llegue a ver después en Hugo Ibarra, a Bóveda, a Poy. En el medio ellos te mordían y la línea defensiva era impasable. Cuando nos tocaba contra ellos, el Mono Obberti durante la semana se daba manija y decía: “Uy, el Caballo Killer. Te respira en la nuca”. Te hacían un gol de un pelota parada y después para empatarle era casi imposible. Fuimos allá pensando que sería durísimo. Es más, cuando se pusieron 2 a 0, pensé: “Buenas noches”. Pero se nos tenía que dar.
—Ingresaste por Obberti.
—Cuando íbamos 2 a 2. Jugué en el inicio de la ronda final contra Huracán e hice el primer gol. Contra Boca fui al banco y con Central también. Durante el torneo alternaba con el Bochín Picerni. En la concentración estábamos siempre juntos y en las noches comentábamos: “Teniendo a Zanabria y Berta, que eran monstruos, ¿cuando nos va a tocar que no tengamos que salir?
—¿Qué pasó al final?
—Nos tiraron de todo. No nos tiraron con el río porque no podían (ríe). Nos fuimos a festejar a la cancha de Newell’s y uno de mis mejores amigos es hincha de Central y cuando me dice algo le respondo en broma que le di la vuelta en el living de su casa.
—¿Y después?
—Es una chapa que llevó en el corazón y que no te la saca nadie. Si me reconocen, me dicen: “Usted fue campeón con Newell’s”. Me hice conocido por eso.
CARLOS PICERNI
“Con el tiempo me di cuenta que hicimos algo que quedó en la historia”
—¿Cómo fue ser campeón tan joven?
—Recién arrancaba. Al principio no comencé jugando y después me metieron. A diferencia de los más grandes, no tenía mucha consciencia de lo que estaba viviendo. Tampoco del campeonato que logramos, que fue repercutiendo cada vez más con el paso del tiempo. En ese momento tenía 21 años y era campeón. Yo pensaba que era mejor que J. J. López porque él con River no podía salir campeón (ríe). Después no pude salir más campeón. Si me hubiera pasado a los 30 años, sabiendo lo que implica y cuesta, lo hubiese disfrutado mucho más. Yo jugué en primera sin hacerlo en reserva. En todos los torneos hay cosas que se van dando, que se te alinean los planetas. No empezamos el campeonato pensando que teníamos que ser campeones. Sin darnos cuenta llegamos a una situación decisiva. Con el tiempo te das cuenta que hicimos algo que quedó en la historia. Ese campeonato se va potenciando con el tiempo, con esto de la rivalidad.
—Alternabas puesto con Ribeca.
—En el medio jugaban Berta y Zanabria. ¿A quién iban a sacar? Si entraba Pomelo, en el segundo tiempo lo reemplazaba yo. Y al revés. Con Pomelo somos amigazos. Tenía un Torino rojo con el que me llevó a la iglesia cuando me casé.
—¿Cuál fue la clave para el 2-2?
—El gol de Capurro fue un empuje para buscar el empate, más sabiendo que así éramos campeones. Cuando lo conseguimos ahí recién me di cuenta de que estábamos mejor que Central. Y que si el partido continuaba, porque se suspendió (a los 88’, por invasión al campo de juego), creo que lo podíamos ganar.
—¿Qué destacas del plantel?
—Tenía jugadores de muy buen pie. Mario (Zanabria) estaba en un nivel extraordinario. El Mono (Obberti), Berta, Robles, Rocha. Todos en un buen nivel. Lo que se quería era jugar bien, manteniendo un equilibro con otros jugadores con menos condiciones tácticas, pero que aportaban otras cosas, como despliegue o marca. Si mirás a los jugadores que tenía, respetaba lo que fue la historia de Newell’s, aún cuando el equipo del 71 era más vistoso, pero no se le dio.
—¿Hubo otro partido en el Metropolitano que considerés que fue determinante?
—Contra Boca en cancha de Huracán. Ellos tenían un equipazo. Corrieron muchísimo. Quizás hasta tuvimos una cuota de suerte. Carrasco atajó todo. Si me preguntás si hubo una señal de que podíamos ser campeones fue esa, ganando un partido decisivo, con tanta lucha, con un rival que en muchos pasajes nos superó. Y lo ganamos, sabiendo que estábamos a un paso de la estrella.
—¿Cómo fue el festejo?
—Cuando llegamos al vestuario, estaba Griffa y descorchó una botella de champán y tiraba espuma. Me quedó grabado. No sé de dónde la sacó. Y cuando volvimos a la cancha de Newell’s, nos sacaron la ropa. Dimos la vuelta en slip.
JOSÉ ORLANDO BERTA
“Teníamos una moral bárbara, nos sentíamos imbatibles”
—¿Qué características tenía el equipo?
—El equipo era ordenado, jugaba muy bien al fútbol. Se salía de atrás. Se respetaba la pelota. Y encima de la calidad de jugadores, había grandes personas. Un plantel muy unido, armonioso, solidario, con ganas de ganar. Son las cosas que hacen que un equipo pueda salir campeón.
—Era uno de los varios jóvenes que tenía ese plantel.
—Era una mezcla, con gente experimentada, como Obberti y Zanabria. Estaba muy bien armado el plantel y nos complementábamos muy bien.
—Sabían que con el empate eran campeones, ¿cuánta era la confianza?
—Cuando llegás a esa instancia tenés una moral bárbara, con entusiasmo. Entrás a jugar sintiendo que sos imbatible. Llegamos muy bien, con mucha confianza, seguridad y garra. Jugué un montón de clásicos, jugué el de Boca y River. Pero al ser Rosario más chica que Buenos Aires, el clásico lo vivís diferente desde diez días antes, conviviendo con la gente. Es un clásico picante. Y lindo.
—¿Desde qué sector de la cancha vio el gol de Zanabria?
—Estaba muy cerquita de Mario cuando pateó. Fue bárbaro, tremendo. Un recuerdo que siempre tengo presente.
—Juan Carlos Montes había sido compañero de ustedes hasta el año anterior.
—Era suplente de él. Montes era un fenómeno. Gran persona y técnico. Tenía un gran conocimiento. Lo agarró al equipo ensamblado y era cuestión de ordenar unas pocas cosas. No tuvo que armar un plantel por completo o estar subiendo a un montón de las inferiores. Eso fue una ventaja.
—¿Que trascendente fue en lo personal la vuelta olímpica?
—Cada vez que se acerca la fecha del aniversario, lo tengo presente. Es un recuerdo lindo, pero no es que vivo pensando en el título. A veces tantos recuerdos le complican la cabeza a los que fueron futbolistas. No es fácil pasar de estar en la primera plana a ser una persona común. No todos están preparados para continuar haciendo algo una vez que se retiran.
SERGIO APOLO ROBLES
“Llegué de Salta y a los tres meses era campeón”
—¿Por qué fueron campeones?
—En base al buen grupo que había, aparte de los grandes jugadores. Todos de un excelente nivel, los titulares y los que entraban. Para mí fue algo increíble, con solo 19 años. Llegué en febrero de Salta, el 17 de abril estaba en la selección rosarina que se armó para jugar contra la selección argentina y a los tres meses me coronaba campeón con Newell’s. Tuve la mala suerte del esguince de tobillo en la cancha de Central contra Huracán en la ronda final. En ese mismo partido entró por mí Rocha. Siempre tuve el dolor grande de no haber jugado con Central.
—¿Dónde estabas el día que obtuvieron el título?
—Estaba en la platea, con un yeso. Terminé adentro del vestuario con el utilero, escuchándolo por radio.
—¿Por qué en el vestuario?
—Por los nervios. Sufría más estando afuera que adentro. Creo que el primer gol lo vi, pero el segundo ya lo escuché en el vestuario. En ese momento fue una alegría grande. Me abracé con el utilero y con otro más que estaba ahí. Cuando finalizó el partido, lo que pasó adentro de la cancha no lo vi porque no podíamos salir. Después fue una locura el vestuario. Nos fuimos a la cancha de Newell’s y recuerdo que el Mono Obberti me alzó en sus hombros y me dijo: “Festejá que esto también es tuyo”.
—¿Cómo fueron los días previos?
—Con la motivación de estar a un paso de salir campeón, sabiendo que había que dejar todo. Ya el hecho de jugar la ronda final era un motivo para decirnos “ahora vamos por el campeonato”. Teníamos un muy buen equipo, un grupo bárbaro. Fue lo más importante, para conseguir lo que se logró.
—¿Cuál era el estilo de juego?
—Por lo que había escuchado del famoso equipo del 71, Newell’s históricamente jugaba muy bien. Lo había visto en Salta cuando enfrentó a Antoniana. La historia de Newell’s siempre fue el buen juego y jugadores con muy buen pie. Lo que teníamos que hacer era no salirnos de eso. En mi caso, mi fuerte siempre fue la técnica. Pero apenas llegué a Rosario, el diario La Capital destacó mis condiciones, pero dijo que tenía que jugar más con los compañeros. A partir de ahí cambié, hice menos gambetas y toqué más.
ARMANDO GARRIDO
“Estuve en el momento justo, con la suerte de vivirlo siendo tan leproso”
—¿Cómo fue el ciclo campeón?
—En el año 70, con la llegada de Armando Botti, el mejor presidente de la historia de Newell’s, se trajo al Gitano Juárez y a César Menotti, algo impensado hoy. A partir del laburo de Raúl Miralles y en el poco tiempo que llevaba Jorge Griffa en juveniles, empezaron a salir futbolistas. El equipo tenía una buena mezcla de gente con experiencia y madurez, y jóvenes, con ímpetu, ganas y mucho talento. Los “grandes” eran Carrasco, Capurro, Obberti, Zanabria. El resto, Santiago Santamaría, Tito Rebottaro y Carlos Picerni tenían 21 años. El Chivo Pavoni, Pastor Barreiro y Juan Ramón Rocha, 20. Arsenio Ribeca, 22. Más la ascendencia de Juan Carlos Montes, que había sido compañero nuestro.
—¿Cómo era Montes?
—Una persona muy querida y que el plantel lo bancaba. Era simple en su forma de ver ese fútbol que veíamos y Practicábamos, porque la gran mayoría ya había debutado en el 73. Y en el 74 explotaron.
—¿Cuál era la expectativa previa?
—El equipo tenía muy claro lo que quería hacer, lo que transmitía Montes y muchísima fe. Estábamos convencidos. Mucho no se recuerda, pero en ese torneo ganamos el clásico 4 a 2 en el Parque. Dos goles de Santamaría, Zanabria y Berta, con un fútbol de muy alto vuelo y el “ole” de las tribunas. Sabíamos que podíamos repetir. Para mí el clásico es la final del mundo y el título nos hizo grandes por el lugar en donde se produjo. es muy difícil que se repita ser campeón en la cancha de tu rival.
—Ese día estuviste en la cancha.
—Lo vi como hincha, con mi hermano. Jugué seis partidos en ese torneo, pero no ese partido.
—¿Qué significó ganar el Metro?
—Estuve en el momento justo, con la suerte de vivir eso siendo tan leproso, yendo a la cancha desde el año 59. Con Marito (Zanabria) lo hablamos siempre. El que jugó al fútbol sabe que en un plantel son importantes todos, entre ellos los que no jugaron mucho o lo hicieron poco. Fuimos 28 y todos fueron campeones.
Fuente-ovacion08